martes, 26 de febrero de 2008

Poemas





DIOS

¿De qué somos culpable,
Si no de haber seguido, más o menos servilmente
El ejemplo del creador?
La fatalidad que fue suya la reconocemos
Sin dudar en nosotros,
Por algo hemos salido de las manos
De un dios desdichado y malo
De un dios maldito.
E. Ciorán

Todo era un complot
Una maquinación de culpas
A entera disposición nuestra
Aquel que las cargara
Recibiría la recompensa
De un monte preconcebido al sacrificio
Un eterno afluente de sangre.
Un des manchador
Para un fabricante de barro.


EL INSOMNE

Es cierto que la noche es un esqueleto
Que deambula entre los ojos,
Una sensación de tempestad
Rumiando bajo la almohada.
También es cierto, que las sombras traslucidas
Van agrietando alrededor de su paso,
El velador taciturno que evoca
El inútil desahogo de las palabras nocturnas.
Eyaculaciones
Han devenido en ajenjo,
Que utilizan los seres mortuorios
Para desvestir las paredes
Que aprisionan los rostros.
El que era hermano,
Ha sido arrojado sobre el humo del espanto,
Tal vez mañana, aprenda la plegaria
Del esclavo,
O conozca el látigo de un dios infiel
En alguna mano clausurada, pálida y muda,
Que reclame el polvo con que calmo la sed.
Todo vestigio me envuelve, aún el respiro
Con que desenfunda su alma el peregrino,
El asesino, el impostor.
Esta noche que se prolonga y arremolina
En las tinieblas de su propia fascinación
No es más que el sueño frio e inerte,
De una herida abandonada en el camino.

EL CAFÉ DE LOS INICIADOS

“Si el alma es un invento mágico,
El licor de los tímidos,
La muletilla de la Santa Biblia…
El ramo de ceniza
Después de la batalla,
No vale la pena, digo,
Lucir el cuerpo ni el alma”
Mario Ferrero, (1920-1994)


He aquí,
Perdonando los rastros que sangran
En los vidrios públicos,
O tal vez púdicos,
De éste invierno desvistiéndose
De “un vieja cosecha”
Analizando este silencio que se confiesa,
Se condena,
En la más absurda de las definiciones.

He aquí
Estas notas robadas,
Transgredidas,
Acosadas por el humo de un cigarro
Pretendiendo obnubilar lo indecible,
Aquello vano
Con que trata de rescatar el viejo garzón
Su génesis desgastada
En la sonrisa proclive
De esta mesa que nos dibuja a los dos.

Y el alma que se extiende como mantel,
Ha dejado de creer
En las plazas y sus palomas.

Ya no hay nada que limpiar

El silencio,
Ha rescatado su imagen.


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